Cuando el otoño azoto con furia sus corazones, sintieron por primera vez la calidez y las dulces sensaciones. El Rey que ama a su Reina con devoción, admira y cuida de ella cual delicada flor.

Su amor es puro y digno de aquel ser al que él llama su verdadero amor. Podrán pensar que loco esta, al saber que su Reina no es una mujer.

Al contrario de lo que dicta cualquier regla en el universo. El Rey está enamorado únicamente de su hermoso Reino y de todo aquello que vive para ser eterno.

Porque su Reina no es algo a lo que se pueda aferrar por completo, es algo en lo que únicamente podrá creer él solamente.

Aquel Rey de ojos brillantes y mirada dulce… Solo quiere que su gloria perdure.

Me llamo Sujuneko, tengo 17 años. Estoy aquí para seguir el legado de ese Rey y llenar de dulzura el mundo oscuro en el que siempre nos sumergimos.



Sentimiento profundo.

Sucedió tan rápido como el aleteo de un colibrí. En un abrir y cerrar de ojos estaba hipnotizado, a causa de ti.

Trágico, agonizante. Ese sentimiento que me congela la sangre.

¿Entiendes a lo que me refiero?

Tengo miedo de que un día te reclamen en los cielos. De que tu Dios baje enfurecido y te aparte de mi lado, para llevarte consigo.

Tiemblo de solo pensar, que un día te tengas que alejar, le tengo pánico a despertar en las noches y no poderte encontrar.

Mi corazón disminuye con lentitud la frecuencia de sus latidos, cuando pensamientos impuros invaden mi mente.

El deseo de tenerte conmigo se hace cada vez más fuerte. Sinceramente, no sé qué es lo que pasa, pensaba que tenía todo bajo control, pero el amor es tan salvaje como los besos que anhelo darte.

El frío corroe mi mirada, las grietas en mi piel se expanden de forma dolorosa, los gritos quedan sellados en mi boca.

Cuando pienso en las terribles pesadillas que conforman mi pasado. Solo mi presente me ayuda a continuar navegando en las aguas claras que tú mismo me has dado.

¿Te suena enfermizo?

Tú me tienes así, no tengo la culpa de vivir en carne viva cada lágrima que se desprende de mi alma, cuando actúas con indiferencia y te cierras en la nada.

Debería poder curar tus heridas con mis besos, debería poder ser suficiente para que tu estadía en la tierra fuese capaz de detener el tiempo.

Eres un ángel, lo sé.

Soy un demonio, tal vez.

Te amo, claro que lo hago.

Mi corazón de poeta sobre escribe lo que mi alma está pensando, aquí no hay palabras frías, no hay cálculos de ningún tipo.

Aunque  mis escritos no seas dulces, mis sentimientos si lo son, porque en el fondo tú sabes bien que lo que siento por ti, es puro como el néctar más divino creado por los Dioses.

Espero poder algún día escribir una carta y enviarla a los cielos, así de ese modo, tal vez tu Dios acepte dejarme subir a su reino.

Juntos conquistaremos nuestro propio mundo, este ya no tiene nada que ofrecernos.

Nosotros sabemos que nuestro amor es eterno.

Soñando despierto.

Tras una pequeña colina, se asoma el astro rey, despertando a las criaturas para ver el majestuoso amanecer. Solo unos minutos es lo que hace falta para que mis ojos se abran.

Mis parpados se mueven con lentitud, una leve sonrisa se dibuja en mis labios al percibir la calidez que emana el cuerpo que se encuentra a mi lado.

Enfocando mi vista, paseo mi mirada rápidamente por la habitación, ya es de día. Se escucha el canto de un Ruiseñor a lo lejos, más mi atención, la centro en ti por completo.

Tú, quien me has robado tanto suspiros, como aquel que escapa de mis labios en ese preciso instante. Me encuentro avergonzado al tenerte tan cerca, siento como si pudieras leer mis pensamientos a pesar de estar sumido en un profundo sueño.

Hoy, he despertado con ganas de observarte por un rato, ya hace tiempo que no lo hago. Son pocos los momentos que puedo tenerte de esa forma, acurrucado entre las sabanas a mi lado.

Recuerdo que en la noche, te quedaste dormido tras decirme entre susurros un “Te amo”. Se escuchó tan dulce y único como siempre, me robaste el aliento e hiciste que mi corazón se paralizara por completo.

Es tan fácil para ti hacerme delirar, tú sabes bien que me tienes de rodillas ante ti. Eres mi ángel, que más te puedo decir.

No ha pasado mucho desde que abrí mis ojos, agradezco internamente que todavía no hayas despertado, pues quiero seguir observando a la persona que amo.

Dios, si pudieras tan solo escuchar los latidos de mi desenfrenado corazón. No sé qué sería de mí sin ti, eres quien mantiene viva mi esperanza, tú eres quien hace que mi vida tenga sentido.

¿Lo ves?

Ya sin darme cuenta, me encuentro acariciando con ternura una de tus mejillas. Adoro el suave tacto que tiene la piel de tu rostro bajo mis manos, esa cálida temperatura, ese leve tono rosado que nunca tienes tiempo de notar, pues siempre andas apurado, lo amo.

Tus grandes parpados que ocultan tras estos, esos hermosos orbes de un tono casi negro. Tu pequeña nariz y esas grandes orejas que me hacen reír.

Mis delicadas caricias parecen hacerte cosquillas, pues te remueves de forma inquieta bajo mis toques. Una risa tierna se escapa de mis labios, me haces tan feliz que es difícil imaginarlo.

Ya comienzo a extrañar escuchar mi nombre brotar de tus labios, se ha hecho una necesidad para mí. Tu dulce voz, ese suave tono que se escucha como canción, pronunciando mi nombre de forma perfecta.

Cuando miras mis ojos e inclinas un poco tu cabeza, siento que un tu mirada acaricia la mía, como los pétalos de una flor cuando son acariciados por la brisa del verano.

Debo estar soñando despierto, aunque tendría que admitir que despertar a tu lado es mejor que un sueño. A pesar de que el cielo fuese color gris, no tendría importancia alguna, pues tú seguirías allí.

Es como el sol, aunque las nubes estén presentes, él sigue iluminando con la esperanza de que estas dejen de opacar su brillo. Tú eres igual para mí, no importa lo que pase, siempre estas a mi lado para hacerme sonreír.

En un acto atrevido, me acerco con cautela hasta dejar mi frente junto a la tuya. Siento tu suave aliento mezclarse con el mío.

Bajando mi mirada esta se detiene en tus labios, aquellos rojizos y perfectos labios. Más de mil besos te he robado mientras duermes, pero ese es un secreto que no pretendo confesarte.

La sonrisa que permanecía en mi rostro solo se agranda al momento en el que nuestras bocas se unían. Que descarado soy al desprender de ti otro beso lleno de amor. Tú deberías ser quien me concediera ese honor.

Mantengo mis ojos cerrados como cada vez que te beso, pero esta vez es diferente, pues me estas correspondiendo.

Espero que no te enoje lo que acabo de hacer.

Me separo con delicadeza, manteniendo mi mirada baja, tu solo te quedas en silencio mientras me abrazas.

“Buenos días”

Susurras con el tono que tanto me gusta. Definitivamente, estoy soñando despierto como siempre. Pues es mi vida es tan perfecta que solo puedo decir que ya no es vida, es un sueño.

Un perfecto y hermoso sueño.

09/07/14 

Buenas noches, amor mío.

Buenas noches, le quiero decir a la persona más bella que he visto por ahí.

Puesto que la luna es blanca y no es gris, he decido escribir este poema para ti.

En lo personal, pienso que tengo que aprender a mentir, pues no me parece justo que con un simple “te amo” me hagas sonreír.

¿A dónde van a parar todos los “te amo” que brotan de tus labios?

Es fácil la respuesta.

Estos se entrelazan con tus caricias y terminan dando vueltas en lo más profundo de mi cabeza, luego mi corazón se da cuenta de que aquellas palabras, es lo que más anhela.

Tal vez no tenga que aprender a mentir, de todas formas no me hace falta para ser feliz. De que me serviría ocultarte la verdad, si sé que con mis sonrisas, te hago delirar.

Si eres capaz de escuchar los murmullos de la brisa, serás capaz de descifrar lo que oculto en mi sonrisa.

Si, puedo afírmatelo una y otra vez. En mi sonrisas están ocultos los secretos que deseas saber.

Pero, es una pena que ni siquiera yo pueda descifrar lo que con tanto empeño me he puesto a buscar.

Aun así, me mantengo en alto porque tengo algo mucho más hermoso que puedo cosechar entre mis manos.

Tu amor, que crece cada día, como una enredadera que va tejiendo su camino junto a mi vida. Hasta el cielo ambos llegaran hasta que un día se pierdan y ya no puedan más, pues el mundo se hará tan pequeño para nuestro amor, que tendremos que mudarnos a una constelación.

Digo constelación, porque el espacio que hay entre cada estrella es suficiente para medir el amor que nos damos, aunque sea solo por unos momentos.

Esos momentos que parecen eternos, cuando apenas te veo y salgo corriendo a tu encuentro.

Deberás disculparme, en las noches es cuando me pongo insoportable.

Pensado a cada rato en ti, millones de palabras desean salir. Poema tras poema, todos amontonados en mi corazón, como si fuesen una montaña de puro amor.

Todo por ti, porque a la final, tu eres el único que me hace sonreír.

29/06/14